Cavito Mendoza es una intérprete y compositora de música contemporánea e independiente,  quien ha trabajado en la  musicalización de poemas y cuentos como Piezas Peregrinas, un proyecto de canciones basado en los Doce Cuentos Peregrinos de Gabriel García Marquez. 

De éxodo a Pink Floyd, recuerdos de infancia

Mis primeros recuerdos son de mi mamá poniendo música que me encantaba. Nosotras vivimos en una época en Calarcá, un pueblo del Quindío en el Eje cafetero; y ella me ponía un grupo vocal llamado Éxodo. Era un grupo santandereano de niños cantando; me acuerdo de estar en el patio de la casa jugando a que yo era parte de esa agrupación, ese es mi primer recuerdo. Luego vino otra temporada, en la que mis hermanos mayores me mostraron un montón de música de la que me empecé a enamorar, escuchábamos desde salsa hasta Michael Jackson, Stevie Wonder, Queen, Pink Floyd; pero también nos gustaba sentarnos a escuchar música de plancha. Después, dos de mis hermanos mayores comenzaron a estudiar música y yo me empecé a antojar, siempre quise aprender a tocar guitarra y uno de ellos me enseñó, creo que estaba en décimo cuando decidí estudiar música. 

Tonada de Luna llena, el primer debut

Empecé a cantar un poco después, me acerqué primero a la guitarra, pues mi sueño era poder tocar en una banda y componer. No me veía como el centro del proyecto musical, solo quería tocar ahí al ladito. Cuando estudié en la ASAB veíamos una materia llamada Taller de Integración en la que tocábamos música llanera; estaban las maracas, la bandola llanera y yo era muy mala, tanto así que el profesor me dijo: “venga, usted más bien cante”, y así comencé. La primera canción que interpreté fue Tonada de Luna llena, frente al auditorio de la ASAB. En ese momento tuve mucho miedo, pero me sentí fuerte. 

¿Qué sientes interpretando música? 

La música siempre me ha hecho sentir conectada con la vida, y creo que empecé a valorarla más gracias a mi madre; tal vez si ella no estuviera no la valoraría de la misma manera. A veces me cuesta un poco, pero la música me ayuda a recordar, me siento conectada a ella y me sostiene. 

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El arte de componer

La primera composición

Fue una canción llamada Once minutos, la compuse para la banda Ómnibus. En ese tiempo había un concurso de producción de canciones en un curso de La Pedagógica, allí  llevaban las propuestas y yo le pedí al cantante de esa  época que metiera nuestra canción y ganó. Esa canción hablaba sobre lo efímero que es el amor, yo era muy joven,  pero fue mi primera composición. 

Jugar para componer

Yo tenía claro que quería componer canciones, pero me cuesta mucho dar el primer paso en todo, soy muy miedosa. Me dí cuenta que lo que me pasó con la música es el reflejo de lo que soy, siempre espero sentirme preparada para poder hacer las cosas y no me arriesgaba a hacerlo. Pensaba que tenía que estudiar mucho tiempo para poder tocar una canción, y así mismo pensaba con la composición, pero me di cuenta que mis amigos sí lo hacían, así que un día quise arriesgarme y ver que pasaba. Entonces recuerdo que había leído algo en ese momento, y solo me senté con mi guitarra, empecé a soltar cosas y dejar fluir lo que sentía. En esa época Jorge, quien era mi mejor amigo en ese momento, grababa las canciones en cassettes, entonces él tenía un equipo de sonido en el que podías grabar encima de lo que ya estaba y quedaban varias capas. Yo también tenía ese equipo con el que podía hacer lo mismo y empecé a jugar y crear con esta técnica sencilla y así fue que salió mi primera canción. 

Del amor a Gabo, un camino de composición

Solía escribir canciones de amor cuando empecé a componer; pero tiempo después tuve un novio que también era músico en ese momento y tocaba canciones de metal en una banda llamada Antípoda. Un día nos sentamos juntos a discutir sobre la composición de canciones, porque ellos tocaban canciones que no tenían nada que ver con  amor, y empezamos a pensar que había muchas otras cosas que podíamos expresar a través de la música. En ese momento, todo mi universo de canciones trataban temas de amor, aunque Charly García abarcaba otro tipo de temas,  yo no pensaba en lo que decía, solo pensaba en la melodía; pero me dí cuenta que también era posible escribir  historias, contar otras cosas, narrar la historia de alguien, hablar sobre una imagen, un sentimiento, una idea; entonces esa fue la inquietud que me quedó y que hasta el momento ha permanecido. Fue cuando surgió la idea de componer sobre los cuentos de Gabriel García Marquez. 

¿Cómo fue el trabajo con Piezas Peregrinas? 

Gabriel García Marquez llegó para salvarme la vida, mucha gente piensa que llegó porque era fan de él o algo así, pero en realidad no. Había leído 100 años de soledad recién y estaba encantada con ese libro, y luego me encontré con Doce cuentos Peregrinos en la biblioteca de mi mamá. Siento que ese libro apareció en un momento de desesperación en el que necesitaba resolver lo que iba a pasar con la profundización de mi carrera musical; yo me sentía muy perdida porque tenía que escoger entre profundizar en el instrumento o hacer arreglos y composiciones. Sentía que tenía que buscar algo que me llenara por completo, y había cosas en las que yo no me veía, entonces mi decisión fue crear canciones. Sin embargo, estaba llena de confusión y de miedo, hasta que encontré el libro y me encontré con una frase que decía: El que los lea sabrá qué hacer con ellos, y sentí que esa fue una invitación que guió mi camino, fue algo mágico. 

¿Tienes algún espacio o ritual para componer? 

Sentarse a componer es un momento que a veces me da mucho miedo, en ocasiones me cuesta. No puedo componer si no estoy en mi lugar de confort, si no estoy en mi sitio. Antes tenía un espacio en el que mi ritual era desconectarme de todo, apagar el celular y alejarme de cualquier distracción. Cierro todo porque no me gusta que me vean, me preparo un té o un café y me dejo llevar. A veces siento miedo porque puede ser muy frustrante que no salga nada o que no logre conectar. En meditación hay algo llamado El punto azul, entonces es como cuando uno se sienta a meditar y no logra sentirse conectado, pero cuando lo encuentras es una sensación tan mágica que la persigues todo el tiempo.

¿Cómo fue enfrentarse a ese miedo? 

Enfrentarse a él es un acto de rebeldía, aunque me considero una persona adaptable y obediente porque fui criada de esa manera,  también siento algo muy rebelde en mí, y esa rebeldía se presenta en eso, en atreverme a crear, así sea difícil, sin importar el miedo, me voy a sentar y lo voy a hacer. 

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Música para transformar 

En el año 2016 musicalizaste un poema de José Zuleta Ortíz en una canción llamada Música para desplazados ¿cuál es la historia de esa canción? 

En ese año  gané una convocatoria que se llama Música con Tempo Colombiano de la Biblioteca Nacional. Usualmente en las convocatorias pasamos un proyecto, se realiza un concierto y hay una reunión  para que vayas,  mires el escenario y realices una prueba de sonido; sin embargo, ese día me llamaron para hacerme una petición. Cuando subí a la oficina de Alejandra Soriana, quien era la persona encargada de hacer la programación, me contó que estaban haciendo la campaña “Descanse en Paz la Guerra” y eso se iba a hacer el mismo día del concierto. Entonces, ella me solicitó que los ayudara a musicalizar el poema de José Zuleta Ortiz, y yo me sentí muy entusiasmada por esto. Sin embargo, tenía solo ocho días para hacer este trabajo y montarlo con la banda, lo cual implicaba un reto muy grande; cuando me mostraron el poema me di cuenta que eran muchas poblaciones y no entendí de qué se trataba. Pero cuando comprendí lo que representaba cada una de estas comunidades y lo que había ocurrido allí, sentí que mi historia como colombiana se fracturó en dos. No supe qué hacer en ese momento, así que primero empecé a investigar bien la historia de cada uno de esos lugares y me encontré con todos los desplazamientos que habían sufrido estas poblaciones hasta el 2003, pero no sabía cómo escribirlo, hasta que un día, trabajando en la montaña donde está ubicado el Politécnico, estando sola, pues no había llegado nadie a clase, sintiéndome muy triste, de repente empecé a tocar, y la canción empezó a fluir sola.

Cuando salió la canción en la montaña, ¿qué sentiste?

Yo sentí que salió de ese lugar en el que conecto, a veces me da miedo decirlo, pero siento que es como si conectara con un ser superior que me dicta las cosas y eso sentí con esa canción; logré una conexión con ese algo que me mandó todo, fue muy bonito en realidad, pero triste y por eso la canción tiene ese aire nostálgico.

Música para narrar la guerra

Es necesaria para no hablar solo de lo que está bien, sino también narrar lo que está pasando en otros territorios y dejar en la historia esa constancia,  para que nosotros los que estamos aquí en nuestra burbujita hagamos visibles esos lugares y realidades, siento que es nuestra obligación desde el privilegio que tenemos. La música transforma mucho y creo que deberíamos procurar esos espacios en estas poblaciones que están heridas, así se podría sanar mucho.

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La música independiente en Colombia 

¿Cómo ha sido el trabajo como artista independiente en Colombia?

Siento que hay que tener mucho amor al arte, en todo caso es como vivir una doble vida, porque nadie vive como independiente o habría que preguntar a otras personas que de pronto puedan sostenerse solamente con su carrera musical. Pero hay que mediar porque, de alguna manera, también hacemos parte del sistema, tenemos que pagar los servicios y comer, entonces a veces es un poco difícil. Además no hay tantos espacios, y siento que sobretodo para las mujeres no es tan fácil, porque en muchas ocasiones es difícil que nos pongan atención. Pero, lo importante es que seguimos en la lucha, creo que hay gente muy pila que nos ha abierto los caminos; por ejemplo, Andres Correa, Roberto Camargo, Pala, entre otros. Son personas que se han dedicado a abrirnos estos espacios y hacernos la vida un poco más fácil a los que trabajamos en esto, y a su vez creo que también estamos uniendo nuestras fuerzas para ayudar a los que vienen. 

Sesiones bajo el árbol para promover la música independiente

Esta idea nace en una época en la que estaba enferma, aunque estaba activa musicalmente hablando. Para ese entonces Andrés Correa, quien es un intermediario entre artistas y cantautores nacionales e internacionales me había contactado cuatro veces para que participara en algunos proyectos, pero por cuestiones de salud siempre los rechazaba. Después, por quinta vez me llegó otra propuesta, me escribió Sebastián Casafúa, un cantautor uruguayo muy reconocido. Yo no quería negarme otra vez, entonces hablé con Jorge, mi Partner de esa época, para que inventáramos algo. En ese tiempo vivíamos en Kachalote, una casa cultural de Engativá que estaba lejos de toda la movida de los amigos, entonces nadie nos visitaba, pero yo estaba acostumbrada a que a mi casa llegara gente a tomar tinto, a bailar o a lo que fuera; entonces extrañaba mucho tener gente invitada. Lo que hicimos fue inventarnos unos toques para que los artistas se animaran a interpretar sus canciones y así fueron llegando más amigos, entonces armábamos el escenario en la sala de la casa y eso se llenaba por completo. Fue gracias a estos encuentros que se creó Kachalote, un espacio para promover la cultura y el trabajo de los artistas independientes. 

Cantos de sororidad, encuentro de mujeres cantautoras 

Los cantos de sororidad es un grupo que armó Laura Saavedra, ella se inventó este encuentro para reunir a todas las nos encontramos en el mismo camino de la música. Cuando integramos este grupo me sentí muy feliz porque me sentía un poco lejana de la movida de las mujeres, así que para mí fue un honor hacer parte de este encuentro. Este grupo inició con un evento que se hizo en el Jorge Eliecer Gaitan, y fue un encuentro en el que pude aprender mucho de cada una de ellas, darnos cuenta de que todas éramos completamente distintas y veíamos la vida de muchas maneras, pero nos unimos mucho y nos apoyamos entre todas. Luego de eso, se abrió un espacio en Sesiones bajo el árbol para hacer un concierto de integración llamado “Cantos de Sororidad” en el que, a pesar de que no pudimos estar todas, pude compartir con ellas y abrirles un espacio en mi casa. Además que ese es un espacio muy íntimo en el que uno como artista se siente casi desnudo, la gente está allí mirándote y observan todo lo que ocurre, si te tiemblan las manos o la voz; así que siento que en ese concierto todas nos sentimos vulnerables y hablamos de nuestros miedos y emociones, fue un momento en el que pude sentirme conectada con cada una de ellas, y me vi reflejada a pesar de las diferencias. 

¿Cómo te sentías tocando en ese escenario que también era tu espacio y era muy íntimo?

En sesiones bajo el árbol siempre he sentido mucho miedo, sufro porque me siento vulnerable, aunque me encanta. La última vez que canté ahí fue con Eli Moya, una cantautora chilena. Me sentí satisfecha porque salió algo lindo, aunque otras veces no ha sido así. De igual forma es bonito, porque me siento en mi casa y puede pasar lo que sea, porque lo importante del espacio es compartir. 

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Literatura, música y emociones 

¿Cómo ha sido la musicalización de los poemas? Por ejemplo, el de Piedad Bonnet

Ese fue el primer poema que hice para las Líneas de su Mano. Me costó, porque había leído a Piedad y estaba enamorada, ella me parece increíble. La conocí en persona y me dió miedo, porque es un poco seria y distante. Independientemente de eso ella es muy amorosa, por eso tenía la sensación de no saber cómo hacer algo para este ser tan genial.  Entonces empezaba a musicalizar algún poema que me gustara y pensaba que sonaba ridículo para algo tan bello, entonces lo cambiaba y empezaba a hacer otro. El primero que hice completo se llama Canción, se lo mostré a mi amiga, la que me presentó a Piedad y no le gustó, dijo que la música no cuadraba con el sentimiento; eso me llenó de miedo. Después encontré Ofertorio y me gustó lo que decía, pues habla del silencio como una fuerza muy grande, del poder que tiene el silencio para comunicar. Con ese me casé; ya lo otro fue conectar y sentir.

¿Cuál crees que es la relación entre la música y la literatura?

Para mí tienen una relación muy estrecha, aunque estuve peleada mucho tiempo con esa relación, porque siento que la palabra es hermosa pero envolata mucho. Por eso yo sentía a la música mucho más sincera, porque no puedes fingir. No finges que tocas más o que cantas más, sino que eres lo que eres. Sin embargo, la literatura para mí ha sido la herramienta que deja volar mi imaginación y enriquece mi música, siento que son inseparables, no pueden ser una sin la otra. Cuando compongo, la melodía viene primero, me cuesta mucho ponerle palabras.

¿Puedes contarnos la historia de la canción que hizo parte del documental Inextinguible? 

Esa canción la compuse en una época en la que mi mamá se sentía muy deprimida y no había manera de ayudarla, era un periodo en el que nada la hacía feliz, y eso me causaba mucha angustia. Es de esas canciones que yo siento que salió como un grito de auxilio y se quedó ahí guardada, no se la mostré a nadie, hasta que un día Sergio Gonzalez, más conocido como Aristi, me dijo que quería cantar una canción y yo se la mostré y le encantó. Tiempo después me llamó y me contó que estaba haciendo la banda sonora para Inextinguible, un documental que estaba haciendo Felipe Rico Atara en compañía de Daniel Pineda para mostrar la lucha contra el Asbesto. Cuando él le mostró la canción a Daniel, me dijo que había sentido que esa canción era para Ana Cecilia. Ella fue una mujer que había muerto hace un año y que estuvo luchando hasta el final contra un cáncer de pulmón  que le había dejado el contacto con el Asbesto. Yo me sentí muy conmovida y acepté su propuesta, aunque no llegué a dimensionar lo que esto representaba, cuando vi la canción en la película fue algo surreal. 

¿Cómo conectas con las emociones de otras personas por medio de tus canciones?

Es una sensación muy hermosa, siento que es la que paga el esfuerzo de esta carrera, que ha sido de muchos fracasos e indiferencia, pero cuando pasa eso, todo vale, absolutamente todo. Es una felicidad inmensa y me siento útil, digo: bueno a algo vine, por lo menos a eso. Es muy lindo que la gente se conecte, es como si lo pudieras tocar.

Cuéntanos de los últimos trabajos y las últimas composiciones que has hecho

El año pasado tuve una época muy creativa, hice muchas canciones dentro del taller de canciones de Roberto Camargo y Andres Correa, ellos siempre son los que disparan con todas sus enseñanzas esa inquietud de hacer canciones. Hay una que está por salir y habla sobre la mentira, en ella estoy menos melancólica, más reactiva a lo que no me gusta y más conectada a lo que sí me gusta. Otras hablan sobre la creación y  sobre las canciones, todo va sobre eso.

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Laura Ruiz

Laura Ruiz

Comunicadora social y periodista. Siento la fuerza que reverdece por cada fibra de mi piel en busca de una sociedad más justa. Creo en el poder transformador de la música, el arte y las palabras.

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