Básicamente de un día para otro, el mundo cambió y la utilización de la educación virtual pasó de ser una alternativa educativa, en especial en educación superior, a ser la forma de manejar la educación en general durante la cuarentena generada por la pandemia relacionada al coronavirus. Sumapaz, es la localidad más grande de Bogotá, y es como tal un territorio rural perteneciente a esta gigantesca ciudad. Allá en ese rincón tan bogotano como el norte de la ciudad, la realidad de cómo se maneja la educación virtual dista mucho de lo que se esperaría, al menos en una ciudad como esta.

Bogotá es de las ciudades que cuenta con la mayor cobertura de Internet, pero aún así la educación virtual en la pandemia mostró la real brecha tecnológica que existe en la ciudad y en el país.

Hablamos con Edna Jeanette Acuña, docente que labora en una institución educativa de carácter público en la localidad de Sumapaz. Ella nos contó cómo se está desarrollando la educación virtual, y lo complejo que es este proceso teniendo en cuenta la precariedad de recursos.

Lea también: Cuarentena sin techo y sin comida

¿Existió alguna evaluación de los medios de los estudiantes y los profesores antes de pasar a la educación virtual? ¿Cómo cambio la situación con la cuarentena?

En la institución en que trabajo, hace 2 años se hizo una encuesta indagando acerca de temas de espacios y ambientes de aprendizaje. La población del territorio sumapaceño no tiene conexión a internet, esta solo se encuentra en las escuelas y en tres centros de atención de ETB. Los estudiantes en un 80% no cuentan con dispositivos como computadores o tabletas, la mayoría cuentan con celular, pero en el territorio el prestador del servicio de telefonía móvil tiene restringido el uso de datos. Hasta hace 4 años no había servicio de telefonía celular y este es bastante deficiente.

Lea también: Especial: Tiempos de pandemia

Los docentes vivimos de domingo a viernes en las escuelas y nos trasladamos a la Bogotá urbana los viernes en la tarde. Así que nuestras condiciones de conectividad están en directa relación con el funcionamiento de internet (no es banda ancha) en las escuelas. En este contexto de coyuntura pandémica, la mayoría de maestros estamos en nuestras casas en la ciudad y disponemos de equipos y conexión propia para poder asumir el teletrabajo y elaborar guías para ser distribuidas en el territorio. Así que en ese panorama no se preveía en ningún momento, por lo menos en el corto plazo, la posibilidad de tener educación virtual

Aparte de la tenencia o ausencia de medios, ¿los estudiantes o los profesores tenían algún conocimiento de medios virtuales o plataformas?

He de mencionar que varios de nosotros por ciertas condiciones hemos tenido que hacer posgrados a distancia, así que conocemos Blackboard y Moodle. Los chiques conocen diferentes plataformas virtuales, recursos interactivos, juegos; pero no manejan una plataforma ya que el colegio no cuenta con ese recurso.

Lea también: El complejo problema del pueblo émbera

Sobre este abrupto cambio de método, ¿cuál crees que es el efecto psicológico y social sobre los estudiantes tanto para los que si tienen acceso, como para aquellos que tienen un acceso limitado?

Para los estudiantes sería menos «traumático» si tuvieran la posibilidad de acceso a Internet y tuviesen los medios, puede decirse que son generación 2.0, pese a que tengan dificultades de acceso, eso se nota cuando se les sugieren temas utilizando herramientas virtuales cuando estamos en presencialidad, las aprehenden con facilidad. Quizás lo que si genera mayor impacto en los chicos de la ruralidad es la imposibilidad del encuentro con el otro par etario, la socialización que se logra en la escuela y el cambio de la rutina en las dinámicas y relaciones familiares.

¿Cuál ha sido el acompañamiento de los padres y rectores a este nuevo proceso? ¿Los profesores se sientes solos o acompañados?

Los padres son el principal punto de comunicación en este momento, a través de llamadas nos mantenemos en contacto para saber cómo avanzan los chiques elaborando sus guías, se pactan las entregas del kit de alimentos y guías de trabajo. Hay que tener en cuenta es los horarios de trabajo de ellos, muchos salen a laborar muy temprano y llegan luego de las cinco de la tarde, hay que coordinar con ellos. El rector, por lo menos en la institución que laboro, tiene el menor de los contactos con los docentes, no contesta llamadas y todo lo soporta en los coordinadores y el secretario del colegio como en otros administrativos. Como docente considero que delega demasiado en un momento de crisis pero, pensándolo bien, tiende a brillar por ausencia en pandemia y sin pandemia.

Lea también: Ciudad Bolívar entre el hambre y el virus

¿Este nuevo modelo será sostenible en el tiempo teniendo en cuenta que nos mantengamos entre cuarentenas y pausas a las mismas?

Creo que lo que deja ver este momento es lo enorme de la brecha social, en este momento ni siquiera en lo urbano se puede hablar de que esté modelo sea efectivo en este tiempo, se hacen esfuerzos, pero la falla es sistémica. Creo que hacia un modelo que combine las dos modalidades es lo que se tiende en un mediano plazo y es factible en tanto se creen las oportunidades, la infraestructura, la capacitación, los hábitos de trabajo y estudio en ambientes digitales, pero en la actualidad, insisto, que la desigualdad no da para pensarse en un inmediato y corto tiempo esa posibilidad.

Lea también: La Bogotá de la pandemia

Lo que si es claro en este momento, es que quienes estamos en este medio de lo educativo tenemos que deconstruir las ideas de escuela y darnos la lucha por una educación que responda a una sociedad que cambie sus sistemas de consumo y desarrollo como hemos visto hasta este momento y con las implicaciones que quedaron al descubierto en medio de esta crisis.

¿Si envían a los chicos de nuevo a clase? ¿Habría garantías sanitarias?

Si hablamos de la ruralidad en la que yo estoy, diría que si, que nuestra población estudiantil es poca y se prestarían los espacios, quizás alternando grupos por días. Para los profesores en riesgo por el rango etario es mejor, repito en la localidad, aunque hay sedes que no cuentan con agua potable y eso entra a ser un factor a tener en cuenta. Pero si nos vamos a la Bogotá urbana, que tiene tanto hacinamiento en las aulas (mas de 40 0 45 estudiantes), con deficiencias como falta de agua y seguridad (no solo sanitaria sino social), diría que no hay condiciones.

Publicación anterior

Piangua presenta: Suena la Campana

Siguiente publicación

Catedral de Sal: Arquitectura, Fe y fotografía bajo tierra.

Ronald Ernesto Cano Gutiérrez

Ronald Ernesto Cano Gutiérrez

Cucuteño, desarrollador de software, activista, ciclista, cinéfilo y fotógrafo de calles, paisajes y luchas.