Tú fuiste un ave de paso 
Que vino a posar en mi vida 
Hoy solo eres sombra perdida 
Vagando en Recuerdos de ayer
Rita Fernández
Sombra perdida 
Portada del libro Cuando Clara desapareció

¿A dónde van los desaparecidos? ¿Dónde quedó el rastro de su historia? ¿Cómo es despertar cada mañana con la incertidumbre de no saber dónde están? Estas y cientos de preguntas rondan por la cabeza de todos aquellos que en algún momento perdieron el rastro de su ser querido. Fue una mañana de quietud y silencio, cuando dejamos de sentir a nuestros familiares, amigos y cercanos. Fue un día en que la vida se paralizó en un tiempo muerto, un instante en que todo se quebró y nada retornaría la fluidez de su cauce; hasta no encontrarlos. Hace ya tiempo en que la memoria de nuestro país fue fragmentada, en que el olvido difuminó las huellas de nuestros desaparecidos. 

Cuando Clara desapareció, el mar se detuvo un instante. El silencio se extendió por cada rincón, mientras el atardecer perdió su claridad. Los recuerdos se hicieron difusos, como al  estar en medio de un terreno desértico en el que los rayos del sol trazan un espejismo confuso. Entonces el tiempo pareció detenerse en un instante infinito. Clara fue otra sombra perdida en medio de una oscuridad desoladora. Cuando se arranca un árbol de raíz, se trata de borrar el rastro de su historia; pero en Colombia, la violencia dejó un campo erosionado que intentó extinguir la memoria de más de sesenta mil casos de desapariciones forzadas.  Pero, ignoramos que la resistencia de muchas familias y comunidades que luchan cada día por mantener viva la memoria de sus seres queridos, ha hecho posible sembrar la lucha contra la indiferencia y el olvido. 

Este es el caso de Enrique Patiño, un escritor que decidió narrar la historia de la desaparición de su hermana Clara; para poder reconstruir los fragmentos de la memoria y empezar a sanar las heridas. Este relato nos permite conocer uno de los casos de desaparición forzada en Colombia, en el que muchas familias tuvieron que enfrentar un camino de búsqueda constante e infinita; que representaba dolor, desesperanza, y en muchas ocasiones, resignación. 

Escucha aquí el relato completo del escritor Enrique Patiño

La desaparición forzada en Colombia 

La desaparición forzada es una práctica que representa un crimen de lesa humanidad, que ha permanecido en nuestro país desde hace más de cincuenta años. Según el informe presentado por el Centro Nacional de Memoria Histórica, se estima que existen más de 60.630  casos de personas desaparecidas entre 1970 y 2015; aunque habría que tener en cuenta todas la situaciones que no han sido registradas oficialmente, lo que ampliaría la complejidad y dimensión de este fenómeno. Esta modalidad de violencia en Colombia, un país que se denomina democrático,  ha superado los casos de desapariciones registrados en el plano de las dictaduras militares que se presentaron en los países del Cono Sur. 

La desaparición quebranta la identidad de los seres humanos y pretende borrar todo rastro de una persona hasta volverla casi invisible. Esta dinámica tiene la intención de ocultar las huellas de los crímenes que han sido cometidos, para dificultar los procesos de investigación. Las personas que han sido víctimas de la desaparición se les niega todos sus derechos, esto hace que se encuentren en un estado de vulnerabilidad absoluta en la que no existe posibilidad de protección y asistencia. 

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Los familiares de las personas que han sido desaparecidas tienen que soportar cada día, no solo la ausencia de su ser querido, sino el padecimiento de  imaginar el estado de indefensión y los posibles desenlaces de su vida. Por esta razón, se considera que la desaparición es una práctica criminal que puede causar serios impactos psicosociales, que son descritos como una doble tortura. Por un lado, la física, que se impone sobre las víctimas directas; y la psicológica, que la sufren sus seres queridos. 

En Colombia, la dimensión de la desaparición forzada es resultado de distintas situaciones; es el reflejo de una guerra constante y degradada que no ha cesado. Es la persistencia de estos crímenes que se infringen de manera intencionada para sembrar terror e invisibilizar las huellas de las víctimas, y así,  poder garantizar la impunidad. Esto también representa  la precariedad y ausencia de un Estado que desconoce las problemáticas de sus territorios y no ha sabido manejar las demandas de las familias y sus obligaciones legales. Pero, sobretodo, es la manifestación de una cultura de violencia en la que existen profundas desigualdades sociales y estructurales. 

Sin embargo, la resistencia de muchas familias y comunidades ha permitido sembrar una semilla de transformación, para seguir luchando porque exista verdad y reparación integral para las víctimas del conflicto. Porque también esta sea la oportunidad para no olvidar a nuestros desaparecidos, porque si los olvidamos, morirán. Si ellos mueren, seremos la tierra del olvido y habremos fracasado una vez más en la construcción de paz, en creer que es posible una sociedad distinta.

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Laura Ruiz

Laura Ruiz

Comunicadora social y periodista. Siento la fuerza que reverdece por cada fibra de mi piel en busca de una sociedad más justa. Creo en el poder transformador de la música, el arte y las palabras.

2 Comments

  1. Yair González Gómez
    31 julio, 2020 at 8:28 am — Responder

    Excelente escrito,es una realidad del país, que todos los días,lo ocultan y lo vuelven invisible.

  2. Enrique Patiño
    1 agosto, 2020 at 8:52 am — Responder

    Gracias por esa mirada profunda y reflexiva, y ante todo sensible, de la literatura o el arte como resistencia ante la errática realidad del país.

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