Si bien convivir con un maltratador no debe ser un asunto fácil, tener que pasar un encierro obligatorio con esa persona mucho menos. Este es justamente el virus detrás del virus, la violencia intrafamiliar, de la que no se habla tanto como se habla del Covid 19, pero que igualmente ha obligado a diferentes entidades públicas y organizaciones sociales a volcar sus esfuerzos para fortalecer los canales de asistencia para atender estos casos, y que a pesar de los esfuerzos sigue ahí, como un virus para el cual no parece haber cura, que convive entre una sociedad que continua siendo testigo cómplice y mucho más triste aún, una sociedad que sigue naturalizando lo que es una epidemia mucho más antigua que la actual y que ha cobrado incluso más vidas.

Foto: Ronald Ernesto Cano Gutiérrez.

Según un informe revelado por la alcaldesa de Bogotá Claudia López en el último consejo de seguridad precedido por ella, durante esta cuarentena todos los delitos han disminuido considerablemente excepto uno, el maltrato intrafamiliar, lo que es de alguna manera una tragedia ya anunciada, esto por las alertas emitidas por distintas organizaciones, como el caso de ONU Mujeres, sobre el incremento de las denuncias de estos casos a raíz de esta medida preventiva.

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Entre los muchos causantes o detonantes de la violencia intrafamiliar están especialmente presentes, los malos modelos familiares, todas estas dinámicas cotidianas basadas en carencia afectiva, asociadas también a las condiciones de vida de muchas personas, dinámicas que indudablemente tienden a reproducirse y más en un país con altos indices de analfabetismo y pobreza como el nuestro.

Aún así, los esfuerzos aumentan, así como los canales, las redes, crecen las colectividades, pero esto no parece ser suficiente, porque a pesar de todo eso y a pesar que desde hace 12 años existe en Colombia una política pública para la prevención y erradicación de este virus altamente letal, como es el de la violencia de género, los casos siguen en aumento, y digo género porque dentro de la violencia intrafamiliar, es la violencia entre parejas la más común y es precisamente la mujer quién resulta en la mayoría de los casos siendo la víctima, según datos del Observatorio Colombiano de las Mujeres, además frente al año pasado las denuncias han aumentado en casi un 80%, según la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, esto por la medición de las denuncias recepcionadas a través de la linea 155, aumento que se puede corroborar en informes de otras entidades como Medicina Legal.

Foto: Ronald Ernesto Cano Gutiérrez.

En cuanto a las denuncias, aunque necesarias y esenciales para combatir este virus mortal, hay que recordar que aún a pesar de las muchas opciones habilitadas hoy en día para ello, es la desinformación y falta de empatía por reconocer como sociedad este problema como un problema de todos, lo que causa que muchos de los casos queden en el anonimato, y con desenlaces muchas veces trágicos. Pero peor aún a la desinformación y la ceguera selectiva, está el hecho que estas denuncias al igual que la ley a través de la política pública, quedan como muchas otras cosas en Colombia muy bonitas en el papel, y es la impunidad precisamente la causante que estas cifras en vez de disminuir continúen aumentando.

Por lo anterior es que para muchas de nosotras lo que el gobierno hace con las manos lo borra con los pies, porque mientras se crean programas, se habilitan lineas y/o canales de denuncia, se crean entidades por y para las mujeres, al mismo tiempo existen vacíos normativos en la justicia, que hacen que menos del 10% de los casos terminen en condenas, entonces cuál es el fin o el mensaje aquí nos seguimos preguntando.

Así pues con un panorama con tendencia a la continuidad y con ella la tendencia al aumento de estos casos, solo nos resta unirnos a una voz y sobre todo a una acción, y es la de llevar a la práctica el: ¡NO ESTAS SOLA!, de alguna manera sabemos que no podemos dejar que de este y de los demás virus se encargue de cuidarnos el Gobierno o las ‘autoridades’, cuando en ellos mismos se reflejan muchos de las violaciones a los derechos de las mujeres, muchos de los males, como policías que violan mujeres por colarse en transmilenio o no respetar la cuarentena, cuando en esas mismas instituciones se ha demostrado en algunos casos el acoso, la persecución o la discriminación a mujeres por su condición de mujeres, y sobre todo, por el el doble mensaje que nos envían, de las rutas de evacuación sin salida, de las trabas normativas, de acumular denuncias en anaqueles sin condenas como resultados, en cambio si con muchas mujeres como víctimas.

Como para la pandemia nos recomiendan el encierro y el distanciamiento por prevención, para el maltrato intrafamiliar yo recomiendo la solidaridad y el apoyo como última opción, porque este señoras y señores también es una verdadera enfermedad, que se transmite de generación en generación fácilmente, y solo la podemos combatir si no callamos ante ella, aunque ya parece una recomendación cliché esa de no guardar silencio, es importante repetirla y practicarla, por eso, si sospechamos, vemos, escuchamos, somos testigos, o víctimas de cualquier tipo de violencia, física, emocional, sexual, acoso, etc, no dudemos en hacer uso de las lineas que han habilitado para atender estos casos.

DE ESTA SALIMOS JUNTXS!

  • La línea gratuita nacional – 155 brinda orientación psicosocial y jurídica a las víctimas para su protección y está disponible las 24 horas del día. 
  • Policía Nacional – 123
  • Línea Fiscalía General de la Nación122, para presentación de denuncias de violencia intrafamiliar, violencias basadas en género y violencia sexual.
  • Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ICBF, línea Gratuita Nacional: 018000918080, y Línea de Protección a Niños Niñas y Adolescentes: 141.  WhatsApp: 3202391685 – 3208655450 – 3202391320
  • Línea Púrpura en Bogotá: 018000112137, número gratuito desde teléfono fijo o celular. Whatsapp 3007551846.
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María Paz Cubides

María Paz Cubides

Comunicadora social y periodista, buscando historias en esta vasta e inhóspita urbe. Hereje, sentipensante, amante de la fotografía y la danza.