Los humedales o chupkuas, en Muyskkubun, representan la memoria de nuestras raíces ancestrales, donde los Muiscas habitaban y celebraban rituales de adoración a la Madre Tierra. Los chupkuas encarnan la esencia femenina de la vida, ya que proviene del pezón femenino de donde viene el primer alimento y el vínculo más fuerte con la vida. Los humedales son territorios sagrados para las comunidades muiscas puesto que allí era donde las mujeres iban a dar a luz bajo sus gélidas aguas, que facilitaban el proceso del parto, y nacían los bebés muiscas que eran entregados a Zie, la diosa del agua dulce. Por tanto, las chupkuas son la representación de la vida y la memoria ancestral para las comunidades que habitan allí. Sin embargo, desde hace algunos años se ha desconocido las memorias vivas del territorio, y las fuentes hídricas que bordean la Sabana de Bogotá han sido constantemente violentadas, ignoradas, contaminadas, desviadas, ocultadas, y alteradas en su ciclo natural. 

Parte del modelo de desarrollo, en el que vivimos actualmente, se basa en una mirada antropocéntrica que genera una desconexión con la naturaleza y el territorio. Este modelo económico busca poner por encima los intereses de explotación y conquista para el enriquecimiento, sobre la vida de la tierra y las comunidades; provocando impactos devastadores en el equilibrio propio de la naturaleza. Es por eso que muchas comunidades se han reunido para luchar por la defensa de la vida y el territorio, entendiendo que somos parte de la naturaleza y que dependemos de ella en cada instante de nuestras vidas.

Cada día más personas se unen para resistir contra un modelo de desarrollo que nos ha individualizado, y ha fragmentado nuestra relación con la tierra, con nuestras raíces y con los procesos comunitarios y colectivos. El reconocimiento del territorio nos permite tener consciencia de lo que somos, comprender nuestra relación con un organismo vivo que guarda memorias, y empezar a transformar en armonía con la tierra, desde una educación popular de la que todos hacemos parte.  

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Campamento por la defensa del humedal Tibabuyes 

Desde el pasado viernes 20 de noviembre distintas organizaciones sociales y ambientales de Suba y Engativá, junto con el Cabildo Indígena Muisca de Suba, se han organizado en un acto de protesta y resistencia para levantar un campamento en defensa del humedal Tibabuyes frente a las construcciones que están afectando el ecosistema natural. Tibabuyes es el humedal más grande de Bogotá, cuyo nombre proviene de la lengua Muyskkubun y significa tierra de labradores; allí se encuentra una de las poblaciones más numerosas de Tingua Bogotana y es el único que registra musgo de pantano.

Sin embargo, en el año 2018 el alcalde Enrique Peñalosa dió inició a la construcción de una mega-ciclorruta sobre el humedal Tibabuyes, para conectar dos barrios del noroccidente de la ciudad. Desde ese momento, la Alcaldía de Bogotá a través de distintas entidades como el Instituto Distrital de Recreación y Deporte; el Instituto de Desarrollo Urbano; el Acueducto de Bogotá; y la Secretaría Distrital de ambiente, han realizado distintas construcciones en los bordes del humedal como: puentes, canchas sintéticas, plazoletas, ciclorrutas, entre otros. 

Todas estas construcciones han tenido un fuerte impacto sobre el ecosistema natural del humedal, transformando los territorios, poniendo el peligro la biodiversidad, desplazando la fauna silvestre y alterando el ciclo natural del medio ambiente. Hasta el momento, la construcción de las obras sobre el humedal se han mantenido vigentes, a pesar de que la actual alcaldesa Claudia Lopez prometió suspender las obras durante su plan de gobierno. 

De acuerdo a los habitantes de la comunidad, el humedal es un territorio sagrado para los pueblos originarios muiscas, y en ningún momento se consultó con las comunidades muiscas del territorio para el procedimiento de estas construcciones. Según el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, el derecho a la consulta forma parte de los derechos colectivos de los pueblos indígenas,  frente a las distintas medidas que puedan afectar positiva o negativamente en sus  derechos colectivos. Es decir que, antes de realizar estas obras sobre un territorio ancestral se debió hacer un ejercicio de consulta previa con estas comunidades. 

Por otro lado, las comunidades denuncian que el humedal Tibabuyes está protegido bajo el Convenio Internacional de Ramsar, que promueve la “conservación y el uso racional de los humedales”. Este acuerdo manifiesta la importancia de la conservación de los humedales por distintas razones: son capaces de proporcionar agua dulce; son amortiguadores de la naturaleza, ya que absorben las precipitaciones y reducen el impacto de las inundaciones, y por su capacidad de almacenamiento, también protegen contra las sequías; son esenciales para la biodiversidad, ya que albergan más de 100.000 especies, es el hábitat de distintos anfibios y son fundamentales para la migración de las aves; además proporcionan medios de vida sostenibles.  

Por estas y muchas otras razones, las comunidades han unido sus fuerzas para detener las obras y proteger el humedal contra todos los abusos sobre el territorio y la madre tierra. 

Como expresión de protesta y resistencia algunos jóvenes decidieron encadenarse a las maquinas de construcción para detener las obras y defender el humedal.

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La voz de protesta del campamento Tibabuyes 

Escucha las razones de los integrantes del campamento que permanecen en resistencia para defender el humedal

*Si deseas conocer más o apoyar esta forma de resistencia comunitaria puedes comunicarte por la red social de Facebook SOS Humedal Tibabuyes

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Laura Ruiz

Laura Ruiz

Comunicadora social y periodista. Siento la fuerza que reverdece por cada fibra de mi piel en busca de una sociedad más justa. Creo en el poder transformador de la música, el arte y las palabras.

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