El campo colombiano ha estado teniendo una falta de interés juvenil, se ha vuelto un común en el país educar a los jóvenes para interesarse en un futuro citadino y envuelto en carreras como derecho, arquitectura, administración, etc. que tienen una popularidad de status económico y social. A pesar de esto, aún hay jóvenes que se interesan por esta labor y emprenden con ideas ligadas a la agricultura que actualizan y le dan otra perspectiva al campo colombiano.

Dentro de este grupo de jóvenes se encuentra Angélica Vega Samudio, una jóven soposeña de 18 años de edad, estudiante de Ingeniería Agroecológica en la universidad Minuto de Dios, quien desde pequeña ha estado en contacto con el campo y con las actividades que se realizan allí. Ha decidido, desde su propio cultivo, crear diferentes productos que provenga desde la fruta que su abuelo había plantado desde hace más de diez años, la feijoa.

Angélica Vega. Fotografía: Lina Gasca.

La pasión por el campo como herencia.

Es hija de Ruth Samudio y Wilinton Vega quienes vienen de familias con una amplia historia de generaciones campesinas tanto de del Municipio de Sopó, por parte de la madre y Gramales – Yacopí, por parte del padre.

Angélica estuvo desde pequeña, en un ambiente que la llevaba en relación con todas las labores del campo, el cultivo, la siembra, el conocimiento de sus procesos y los animales. Su conexión con este ambiente siempre estuvo presente y sus abuelos, tanto paternos como maternos, fueron una influencia clave en lo que ella escogería como su futuro y objetivo de vida.

Fotografía: Lina Gasca.

José Samudio, su abuelo materno, ha tenido una influencia directa sobre la perspectiva que tiene Angélica sobre el campo, debido a que gran parte de su niñez la vivió a su lado. Don José ha sido campesino toda su vida en Sopó, conoce todas las labores del campo y la finca en la que viven él y Mary Coca, su esposa, fue el hogar en el cual Angélica creció y vivió todas las experiencias que han hecho que en la actualidad, ella haya decidido tomar esta dirección y empezar a experimentar con un producto que él mismo había sembrado, la feijoa, una fruta que desde el momento de siembra, se demora al rededor de diez años en dar su primer fruto.

Fotografía: Lina Gasca.

Teniendo en cuenta todo el proceso que tiene esta fruta y los cuidados que conlleva, Don José la siembra con el objetivo de que esta, en el futuro, diera una producción que fuera aprovechable en la finca.

Angélica, luego de ver y acompañar el crecimiento del árbol de feijoas que había sembrado su abuelo, decide poner en marcha otra de las prácticas que estaban dentro de la historia de su familia, la creación de distintos postres que brindaran una experiencia que reflejara la producción desde la siembra hasta el producto final. Bocadillo, melao, esponjado y sabajón son los productos que realiza Angélica desde la recolección de la fruta a la realización del postre.

El emprendimiento.

Buscando reunir en un solo proyecto todo lo que habían realizado sus generaciones pasadas, Angélica empieza, con ayuda de su madre Ruth Samudio, a recordar las recetas de los postres que también habían sido creadas por su abuela. Después de varias pruebas, varios procedimientos y días enteros de pruebas para sacar un sabor único en cada producto, logran encontrar los sabores deseados.

Fotogrfía: Lina Gasca.

El procedimiento de la mayoría de productos que realiza como el melado y el bocadillo de feijoa, son realizados en un horno de leña que se encuentra en la finca de su abuelo.

La familia de Angélica ha sido un apoyo clave para la creación de su proyecto debido a que le han brindado diferentes conocimientos como el cuidado y manejo de alimentos adquirido por su tía Milena Samudio, quien es profesional en ingeniería de alimentos, las recetas por su abuela materna, la experiencia y amor por el campo de su padre y su abuelo y la persistencia y el orden de su madre han influenciado para que Angélica haya empezado y organizado, junto a ellos, este proyecto.

Dentro de lo que Angélica ha pensado para lo que será su futuro, también tiene un cultivo el cual quiere mantener y poco a poco empezar a potencializar. Lechuga, papa, cebolla, tomate y cilantro son unos de los productos que esta joven soposeña tiene en proceso de cultivo. Con estos procesos y su proyección, Angélica demuestra ser del grupo de jóvenes que le sigue apostando al campo colombiano y a la renovación del mismo con ideas juveniles y que aportan una nueva manera de mirar los procesos del mismo.

*Para pedidos por encargo de postres contactar a Angélica en el 3174120515*

Publicación anterior

La música como expresión de protesta en América Latina

Siguiente publicación

Graffiti en Uruguay: La fuerza charrúa

Lina Gasca

Lina Gasca

Comunicadora social - periodista y fotógrafa, cree firmemente en la imagen como una fuente poderosa de transformación social, documentalista y fotorreportera.
Trabajo enfocado a la muestra de situaciones intrínsecas de la sociedad que necesitan una mirada distinta.