Fusagasugá inicialmente no estaba dentro de la gira de la minga. Se esperaba llegar a Cali, tener un diálogo con el presidente Iván Duque y regresar a territorio. La negativa de este último, generó que la movilización se termináse desplazando hasta Bogotá. Por tal razón, Fusa terminó recibiendo la visita de esta numerosa delegación de pueblos indígenas y afros que se manifiestan por justicia social.

Del valle al altiplano

Decenas de chivas con personas en su interior y su exterior arribaron a Fusagasugá. Con una logística impecable, la minga se desplaza como si fuera un organismo vivo.

Con una situación social crítica en todo el país, en una posición poco privilegiada en materia de contagios del coronavirus y con cientos de líderes sociales asesinados, se esperaba más voluntad del gobierno Duque frente a la movilización indígena. Por ende, muchos sectores creyeron que Cali sería el último punto hasta donde llegaría la minga.

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Aunque el gobierno envió una comitiva ministerial, la silla vacía dejada por el presidente Duque fue un claro gesto de desprecio que impulsó que los mayores tomaran la decisión de tomar camino hacia Bogotá y extender por kilómetros y días, el viaje que había comenzado en El Pital.

A pesar que parte de los mingueros que llegaron a Cali retornaron a territorio. Otras comunidades indígenas se fueron uniendo en su paso por Tolima y Quindío, haciendo de esta una de las mingas más numerosas que se han convocado recientemente.

La Minga a solo una hora de Bogotá

Ya estando tan cerca de Bogotá, muchos habitantes de la capital decidieron concurrir a la plaza de Fusagasugá para apoyar a la minga. Distintos movimientos sociales hicieron su aparición en la pequeña plaza del municipio para manifestar la emoción de tener tan cerca a la minga, además de la esperanza que se deriva de la movilización social indígena.

Más de doscientos años después de convertirse en un país independiente, Colombia aún tiene una larga y creciente deuda con sus minorías étnicas. En especial con los pueblos indígenas y afros, sumidos en un triste abandono estatal.

La guardia cimarrona que se unió a la minga por el camino, también hizo su aparición y recordó todas las reivindicaciones por las que vienen luchando como minoría étnica. De como el racismo estructural está tan vivo en Colombia como en otras regiones del mundo, así como sus territorios son de los más abandonados por un estado ausente, aún en tiempos de pandemia.

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La minga durmió por una noche en Fusa, en medio de un clima ligeramente cálido. Les esperaba un frío en la capital, pero también el calor de los pobladores de Bogotá que esperan con esperanza que este sea el momento de la justicia social.

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Ronald Ernesto Cano Gutiérrez

Ronald Ernesto Cano Gutiérrez

Cucuteño, desarrollador de software, activista, ciclista, cinéfilo y fotógrafo de calles, paisajes y luchas.