La música y las emociones 

Desde la antigüedad, la música ha sido conocida como un arte o un lenguaje universal que es capaz de conectar las distintas culturas que existen sobre la tierra. Incluso, es posible que la música exista mucho antes que el lenguaje verbal y esté presente desde la historia de la humanidad. Al parecer, en el antiguo Egipto, se representaba la música a través de los jeroglíficos de la misma manera en que se referían a estados de alegría y bienestar. De igual forma, también en la cultura china, la palabra música está conformada por dos ideogramas que significan disfrutar del sonido. De esta manera, vemos como en diferentes culturas se han encontrado coincidencias sobre la percepción agradable de los sonidos y los estados placenteros que estos producen. 

Algunas investigaciones científicas evidencian que al escuchar la música que nos gusta, se producen distintas sensaciones en nuestro cuerpo. Se empiezan a activar unas sustancias químicas que actúan sobre el sistema nervioso central, liberando neurotransmisores, que nos generan un estado de alegría y liberación. 

Muchos pensadores en la antigüedad consideraban que la música tenía unas propiedades que podían incidir en nuestra dimensión emocional y espiritual. Se entendía como el lenguaje, o el medio de expresión que podía alcanzar lo más íntimo de cada persona. Se pensaba que la música era capaz de evocar recuerdos; infundir distintas emociones como alegría, rabia, o nostalgia; provocar estados de relajación y serenidad; e incluso despertar la espiritualidad. Durante muchos años, se ha estudiado estas propiedades de la música en la salud física y mental de las personas, y se ha utilizado en distintos tratamientos para trastornos depresivos, o estados de ansiedad o agitación. 

La memoria del agua y la música

Sobre un río de aguas diáfanas y cristalinas, el agua apenas roza nuestros pies desnudos, y se va acercando suavemente mientras sentimos esa conexión con la tierra. Nuestro cuerpo se sumerge, mientras sostenemos la respiración, el agua recorre cada fibra de nuestra piel, y envuelve todo nuestro cuerpo, nos sentimos seres de agua. 

Hace algunos años, el médico japones Masaru Emoto, realizó un experimento que consistía en poder comprender el efecto que tiene la música, las emociones y los pensamientos sobre nuestro cuerpo. Para eso recogió algunas muestras de agua pura en un frasco, y luego congeló algunas gotas, que al ponerlas bajo un microscopio y fotografiarlas, se dió cuenta que en ellas se podía ver hexágonos cristalinos, similares a unos copos de nieve. De la misma manera, tomó otra muestra de agua de un río contaminado y realizó el mismo procedimiento. Esta vez, se había dado cuenta que la imagen que aparecía en las fotografías ya no era la misma, sino que se trataba de una figura desestructurada y oscura. 

Al observar esto, quiso experimentar algo similar. En esta ocasión, llenó algunos frascos con agua y las expuso a distintos tipos de música, desde música clásica hasta heavy metal, y a determinadas palabras con mensajes de amor y odio, escritas en un papel adherido a su superficie durante un tiempo establecido. Algunos días después, se dió cuenta que en algunos casos aparecían patrones de cristales armónicos, mientras que otros se veían desfigurados. 

Entonces el médico, se preguntó al observar esta interacción con el agua, sí dado que nuestro cuerpo está formado por un 70% de agua, sería posible explicar por qué ciertos sonidos, música, o palabras pueden afectar nuestros estados físicos, emocionales y mentales de una manera positiva o negativa. ¿Es posible que esa memoria del agua que habita en nuestro cuerpo sea la que provoca ciertos trastornos emocionales o algunas enfermedades psicosomáticas?

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Historia de la musicoterapia 

Los orígenes de la utilización de la música y el sonido como una forma de terapia, ha estado presente desde el principio de la humanidad. Hace 6000 años, sobre los templos de Mesopotamia, se utilizaba el sonido de la voz y los instrumentos musicales para calmar la ira de los dioses y evitar que destruyeran las cosechas de la comunidad. En otras culturas, como en Egipto, se consideraba que la música podía tener una influencia favorable en la fertilidad de la mujer. De igual manera, se han encontrado unos papiros médicos, que datan del año 1500 a.C, con algunas referencias terapéuticas de la música. 

En las culturas primitivas, se pensaba que la música era un don de la divinidad y; por tanto, la enfermedad era una manifestación del pecado, de la posesión de demonios, la maldición de algún brujo, o el castigo de Dios. A partir de esto, cuando una persona caía enferma, se creía que estaba poseído por algún espíritu y para poder curarlo se debía recurrir a un brujo para poder liberar al enfermo, y en medio de ese ritual los sonidos y la música eran una parte fundamental en la curación. Esta creencia se mantuvo hasta la edad media, e incluso existen algunos pueblos o culturas indígenas que aún conservan esta tradición. En muchas tradiciones chamánicas de Mongolia, África, Arabia o México se utiliza la música en rituales para poder sanar y transformar. 

A partir del siglo XIX en Inglaterra, se realizaron algunos estudios sobre la aplicación de la música en el tratamiento de enfermedades mentales. Por medio de esas investigaciones, se demostró que con algunos patrones musicales se podían inducir estados de relajación, consiguiendo el alivio de determinados dolores. Fue en el siglo XX, cuando se empezó a observar cómo mientras los heridos de las guerras mundiales se iban recuperando, la música ayudaba a mejorar sus estados de ánimo e influía positivamente en los casos de depresión. Esos estudios también mostraban cómo la música podía afectar el ritmo cardíaco, la presión sanguínea y el ritmo respiratorio, que parecía sincronizarse con ella. 

La musicoterapia

Desde la American Music Therapy Association se define la música como “una profesión en el campo de la salud, que utiliza la música y las actividades musicales para tratar las necesidades físicas, psicológicas y sociales de las personas de todas las edades.” Esto indica que a partir de estas terapias con la música es posible mejorar la calidad de vida de las personas y el bienestar, disminuir el dolor, potenciar la memoria, mejorar la comunicación y contribuir en los procesos de rehabilitación física y emocional. 

Algunos de los beneficios de la musicoterapia es que sus efectos pueden contribuir de una manera íntegra en todas las dimensiones: física-corporal, cognitiva-mental, emocional y espiritual. También puede ser una herramienta para facilitar la comunicación con distintas personas, lo que puede fortalecer la interacción y la cohesión social. 

En esta ocasión les traemos la historia de tres musicoterapeutas de Colombia que nos contarán desde sus experiencias cómo ha sido el trabajo desde distintos campos terapéuticos. 

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July Tavera- Musicoterapia clínica 

Mi nombre es July Tavera, soy psicóloga y musicoterapeuta de la Universidad Nacional. La musicoterapia consiste en el tratamiento terapéutico que utiliza los distintos elementos musicales para realizar una intervención. Existen cuatro métodos de musicoterapia, entre estos están: el método de composición, el método recreativo, el método receptivo y  método de improvisación. De igual forma, es posible trabajar desde distintas áreas, por ejemplo, en mi caso yo trabajo en el campo clínico con personas que tienen diagnósticos específicos como autismo o alzheimer. Pero, también es posible trabajar desde el área comunitaria o social, e incluso en la parte de prevención en salud mental. Entonces tiene una parte preventiva y de acción, con las personas que tienen algún diagnóstico como autismo, ansiedad y depresión. 

Sesiones de musicoterapia 

Las sesiones de musicoterapia en este campo clínico con personas que tienen un diagnóstico determinado, son similares al trabajo en psicología. Entonces cuando la persona llega se hace una valoración inicial donde se observa el motivo de la consulta y se establecen los objetivos a trabajar. Esa observación sirve para reconocer todas las áreas de la persona, desde la parte cognitiva, motora, el lenguaje, hasta la interacción social y finalmente la parte musical. Entonces ahí hacemos un historial musical para conocer qué tipo de música, canciones e instrumentos le gustan. Cuando trabajamos con niños los procesos son largos y pueden durar años, al igual que con pacientes con alzheimer y cada cierto tiempo presentamos los avances a los familiares. También existen cuatro métodos en la musicoterapia. 

Método de improvisación 

En este método se busca que la persona pueda improvisar libremente, sin necesidad de seguir una estructura determinada. En música se improvisa siguiendo ciertos patrones y estructuras, pero aquí no hace falta que las personas tengan conocimientos sobre música o sobre cómo tocar un instrumento. Lo que hacemos es poder improvisar, para poder expresar una emoción o una idea, y el musicoterapeuta establece unas bases para que esa improvisación tenga un sentido y ayudar con algunas técnicas que existen. 

Método de composición

En este método la intención es poder crear una melodía o una canción escrita y esto se hace a través de diferentes estrategias. La persona no necesita ser un compositor, sino que junto con el terapeuta se trabaja para poder crear una canción que le permita expresar lo que siente, por ejemplo, si está haciendo un proceso de duelo. 

Método receptivo 

En este método la idea es que la persona pueda escuchar cierto tipo de sonidos y melodías que permitan generar estados de conciencia y relajación que ayude a la meditación guiada. Aquí utilizamos distintos instrumentos como los cuencos tibetanos, la guitarra, los palos de agua, dependiendo del proceso y  las necesidades de cada persona.

Método recreativo 

En este método se busca que la persona pueda expresar sus emociones a través de la música. Se trata de poder recrear algo que ya está compuesto, por ejemplo, tomar alguna canción que le guste y transformarla para darle un sentido terapéutico. 

El arte como medio de expresión 

El arte, independientemente de si es música, teatro, danza o pintura, es un medio de comunicación directa con las emociones. Cuando una persona ha pasado por eventos traumáticos, muchas veces las palabras se quedan cortas, entonces lo que hace el arte es llegar a ese canal directo. Creo que es muy importante integrar estas narrativas, porque esto permite que las personas puedan expresar esos sentimientos difíciles que permanecen guardados en el interior, y representarlos en algo palpable y visible. 

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Manuel Quinche-  Música y saberes ancestrales

Mi nombre es Manuel Quinche y trabajo como musicoterapeuta clínico desde hace tres años. Todo comenzó en los compartires de saberes ancestrales con las culturas tradicionales indígenas del Putumayo, en donde se utiliza la música  desde hace cientos de años en ceremonias y rituales sagrados para poder sanar. Desde la ancestralidad lo que yo pude observar es que los chamanes o los sabedores utilizan la música para diagnosticar, armonizar, invocar o comunicarse con lo divino. Entonces cuando uno mira la cultura del pueblo huitoto o murui-muinane, ellos tienen ciertas danzas o cantos en específico para agradecer a la vida por determinados aspectos o para tratar la enfermedad de una persona. 

Al acercarme a estas culturas ancestrales, pude observar toda la fuerza que tiene ese campo de la sabiduría indígena y desde allí empezó a llamarme la atención la utilización de la música en la sanación de las personas. Luego de un tiempo, mi hermano quien es fisioterapeuta y musicoterapeuta profesional me empezó a contar de qué se trataba todo este campo y cómo se podía utilizar la música para atender distintos diagnósticos. Después empecé a trabajar como profesor de música en escuelas e iba aplicando un poco todas las enseñanzas de los pueblos ancestrales y lo que había podido aprender con mi hermano. Luego hice un estudio más profundo y teórico de lo que es la musicoterapia y tuve la oportunidad de empezar a trabajar en este campo. Entonces, la musicoterapia es aquel tratamiento que se piensa de forma subjetiva para poder mejorar la calidad de vida de un individuo con una condición determinada, a partir de la utilización de la música y sus elementos: el sonido, el silencio, el ritmo, la armonía y la melodía.  

Experiencia en el trabajo con musicoterapia 

En el trabajo con la musicoterapia he podido ver el proceso de los pacientes y han sido experiencias gratificantes. Por ejemplo, tenía el caso de una paciente con un diagnóstico de  parálisis cerebral, y ella no podía caminar sola, sino que siempre caminaba de la mano de un acompañante. Pero cuando hicimos la valoración física e hicimos el estudio con el equipo interdisciplinario, nos dimos cuenta que en su estructura física ella podía llegar a caminar, pero mentalmente se pensaba que no podía hacerlo sola. Entonces desde ahí empezó el trabajo con la musicoterapia para poder trabajar la confianza, y para eso utilice la técnica de la danza. Lo que hicimos fue crear un atmósfera agradable, utilizando una energía asertiva, amable y amorosa para poder generar un vínculo con ella. Entonces hicimos el trabajo desde su historial musical e íbamos evaluando la respuesta emocional y conductual de la paciente. Luego de algunos meses, pudimos observar que la paciente era capaz de sostenerse de pie sola por algunos segundos y empezamos a ver esos avances. Todo ha sido un proceso, y paso a paso hemos logrado que cada vez ella se suelte más y haya podido desarrollar esa confianza en sí misma a través de distintas técnicas de la musicoterapia para poder mejorar su estilo de vida.

El arte para sanar las emociones 

Cuando las personas tienen situaciones difíciles a nivel socioeconómico o cultural, o experiencias traumáticas de violencia eso genera unas emociones y pensamientos que quedan guardadas en la memoria. Entonces todas esas emociones necesitan ser gestionadas de alguna manera, porque cuando no podemos manejarlas se empiezan a manifestar esas enfermedades físicas y mentales. El arte representa ese medio de expresión para poder exteriorizar las emociones, los miedos y los sueños; y esto permite narrar el dolor, hacer un proceso de duelo y liberar esas cargas del pasado. 

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Rubén Guzmán- Musicoterapia Integrativa 

Mi nombre es Ruben Guzmán, soy trabajador social y musicoterapeuta de la Universidad Nacional. En este momento, soy director de la Organización de Musicoterapia Integrativa Omusi. Desde allí trabajamos desde una mirada holística e integrativa, es decir que no nos enfocamos solo en una manera de intervención, sino que depende de la necesidad de cada persona. Nosotros tenemos un directorio con el que podemos contactar a distintos musicoterapeutas y lo que hacemos es indagar quién posee los conocimientos de acuerdo a las necesidad de cada persona. 

En esta organización, tenemos una perspectiva sistémica, lo que indica que reconocemos lo importante o lo necesario, que es poder ver a las personas desde cada una de sus dimensiones. Entonces cuando llega una persona a terapia, nos interesa saber qué ocurre a nivel emocional, familiar, laboral; porque sabemos que hay muchos factores que inciden en la dificultad que está teniendo en ese momento. Por lo general, se tiende a reconocer el síntoma, pero nosotros creemos que lo importante es poder ver un poco más allá y darse cuenta que existen muchas situaciones que inciden en esa problemática. 

Musicoterapia comunitaria

Desde mi experiencia, he podido trabajar con poblaciones en situación de vulnerabilidad, habitantes de calle, y personas con consumos problemáticos de sustancias psicoactivas. Con estas personas trabajamos en terapias convencionales de acompañamiento, a partir de la psiquiatría, y restablecimiento de redes de apoyo, desde el trabajo social. Pero también hicimos otro tipo de acompañamiento desde la musicoterapia para poder impulsar las reflexiones que puede generar el arte y poder animar la expresión de las necesidades de esa comunidad. 

En estos momentos, también estoy trabajando con personas víctimas del conflicto armado desde la musicoterapia comunitaria para poder propiciar el diálogo. Tenemos algunas estrategias como conversatorios cantados, entonces a partir de un concepto o una idea, empezamos a generar un debate que pueda poner en cuestión cada uno de sus interrogantes sobre la ley de víctimas, los derechos humanos y ese tipo de temáticas que son importantes para nuestro país. 

Con esta población, hemos trabajado desde distintas expresiones culturales y artísticas y lo que buscamos es poder visibilizar todo el trabajo que se ha hecho con la comunidad a partir de la música. Entonces, vemos como hay muchas comunidades en el Putumayo que están apropiándose de sus tradiciones y saberes ancestrales para hacer un proceso de reparación desde la música y utilizan el tambor para poder representar lo femenino. También hemos trabajado con muchos cantautores que están generando composiciones para poder hacer un proceso de memoria y duelo frente a las distintas afectaciones del conflicto. Esta narrativas de denuncia y conmemoración permiten visibilizar lo que ocurre en el territorio desde un lenguaje artístico y sensible. 

El arte y la reparación de las comunidades 

Pienso que a través del arte es posible llegar a conectar con el otro (o la otra) sin poner las barreras que nos distancian, como las ideologías, acerca de lo que es la verdad y la justicia. Lo que permite la música, o el arte en general, es reconocer la diferencia, y poder expresar las emociones que son difíciles de comunicar en palabras. En medio de la violencia que ha sido generada en los distintos territorios y las afectaciones contra los derechos humanos, el arte puede ser la manera para poder expresar todo el dolor que quedó guardado en la memoria. 

A partir del arte, las personas de estos territorios pueden narrar sus realidades y vivencias desde otros lenguajes más sensibles; en una sociedad en la que hemos naturalizado la violencia. Esto permite también que las personas puedan apropiarse y reconocer lo que ocurre en medio del conflicto pero de una manera más consciente, sensible y humana. Desde ahí empezamos a generar reflexiones e interpelar en nuestro sistema sensorial, y con esto me refiero a que muchas veces pensamos que la memoria solo es algo cognitivo; y desconocemos nuestra memoria corporal. Hemos olvidado que sentimos con todo el cuerpo y así mismo también recordamos, y el arte nos permite volver a esas sensaciones y experiencias corporales. Gracias a esto es que muchas comunidades pueden llegar a traducir todo su dolor, y crear memoria a partir de la danza, la música o el arte. 

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Laura Ruiz

Laura Ruiz

Comunicadora social y periodista. Siento la fuerza que reverdece por cada fibra de mi piel en busca de una sociedad más justa. Creo en el poder transformador de la música, el arte y las palabras.

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