Desde antes de la pandemia conocíamos las perversas consecuencias de tener de presidente a Iván Duque. Pero ya en medio de una situación tan crítica como esta, tener un presidente como este es casi tan terrible como la pandemia por la cual atravesamos. Despilfarro de dinero, decisiones sin argumento científico, negacionismo, entra muchas cosas hacen de estos meses, de los más terribles de la historia moderna de Colombia.

Tiempos de pandemia

La pandemia, independiente de la ideología política, podía ser usada por los gobernantes para afianzarse en el poder y apalancarse hacia un futuro. La imperativa necesidad de tomar medidas para ayudar a los sectores más necesitados, facilitaría ya sea una candidatura futura o subiría la popularidad como espuma. Claro que todo dependería del manejo que le diese a la situación, tanto médicamente, económicamente y que tan pronto se tomaran las medidas.

A pesar de haber prometido austeridad, el gobierno Duque ha gastado en campañas publicitarias y en recursos para las fuerzas del estado. Mientras tanto el gremio médico exige equipos de protección y los salarios atrasados.

Duque había comenzado mal, de la mano de un buen número de protestas que se daban casi a diario. A pesar de tener a los medios de su lado, el maquillaje que le daban a estas situaciones aún hacía mella a su popularidad. Parecía un mal cálculo político pensar que la popularidad de Álvaro Uribe sería heredada por Duque. Y a pesar que Duque mostraba desde la campaña más habilidades artísticas que políticas, la ausencia de carisma se hizo manifiesta cuando ya estaba sentado en el solio de Bolívar.

Lea también: Encadenados por matrícula cero en la Universidad Nacional

Aunque claramente no todo es culpa de Duque. Como senador y como político tenía conocimiento de la precaria situación del sistema de salud y que la economía presumía de su solidez pero que su fragilidad era evidente. Aún sabiendo esto su posición siempre ha estado más del lado de los empresarios que del gremio de la salud. Hubo suficiente tiempo para reforzar el sistema de salud y cumplir con las obligaciones económicas con el personal sanitario; pero su decisión se inclinó hacia destinar dinero a la banca o despilfarrarlo en estrategias de comunicación.

Dinero para las élites

Es claro que la «democracia» colombiana está manejada por las élites económicas. De ahí la mayor parte de las medidas están orientadas a cumplir favores electorales o a favorecer inversiones de dichas élites. Se esperaba que teniendo en cuenta esta situación excepcional, el gobierno de Duque entendiese los riesgos de seguir con esa mala práctica. La banca que tradicionalmente ha exprimido a las clases medias, no ha sido afectada por la pandemia. La distribución de las ayudas económicas se hizo de la mano de una banca que terminó recibiendo beneficios por ello. También bancarizaron nuevos usuarios, lo que generó nuevas ganancias a una banca implacable con la cobranza de sus créditos. Esta actitud incluso es la que ha generado la quiebra de negocios y la reducción de las clases medias.

Lea también: Un 20 de julio bastante singular

Duque solo optó por decretar una cuarentena al verse desafiado por los gobiernos regionales. A regañadientes y ante el enojo de los gremios, aceptó confinar a la población. Y aunque se esperaba que aprovechara este tiempo para preparar el sistema de salud, sucedió todo lo contrario y las pocas mejoras demoraron más de lo esperado, en medio de una carrera contra reloj. Con casos por todos lados, y también en medio de múltiples tormentas políticas; su cara desencajada se volvió la imagen cotidiana en un espacio televisivo que más parece un magazín de variedades. El día que la situación se hizo aún más crítica, solo acató a decir que también se tenía un récord de recuperados. Algo irrelevante para el momento en donde los riesgos habían sido incrementados de la mano de medidas de flexibilización del aislamiento.

Mientras los mandatarios regionales intentan apagar el incendio, Duque solo emite medidas que terminan agravando más la situación. Además de entrar en conflicto con las decisiones regionales, su partido desde las redes sociales atacan a los mandatarios cual perros rabiosos. Claramente congresistas, diputados o concejales trabajando desde su casa no pueden opinar sobre enviar a los trabajadores a las fábricas. Es tan irónico que teman ir al capitolio, pero que le pidan valor a los trabajadores que se abarrotan en el transporte público o en las fábricas.

¿Y el futuro?

De otro lado, con una desfachatez inigualable gasta y gasta dinero en elementos militares y policiales aún cuando los hospitales se caen a pedazos. Pareciese que temiese más a un estallido social que al creciente número de contagios y muertos por coronavirus. Es como si tuviera un poder para ignorar la realidad, poder que al parecer venía utilizando desde el año pasado en medio del paro nacional.

Lea también: Marcha por la dignidad

Dos años más quedan de este nefasto gobierno. Lástimosamente en uno de los momentos más duros para la humanidad y el país, la ilegitimidad de esta democracia puso en la casa de Nariño a un personaje inepto e indolente. Se rumora incluso que no saben ni qué mostrar como logro de su gobierno a dos años del mismo. Quizás sea porque realmente son solo pocos los que se beneficiarán de un gobierno que funciona erráticamente. También porque día tras día pareciese que el país vive apareciendo en clasificaciones trágicas como países con más desplazados, países con más líderes ambientales asesinados o como entre los países con más muertos por millón de habitantes por coronavirus.

El futuro es incierto sobre cómo quedará el país después de la pandemia. Las consecuencias sanitarias, económicas o sociales serán bastantes graves. Pero el mayor agravante es tener un presidente que solo gobierna para unos pocos cuando este era el momento histórico en que más se necesitaba a un presidente para el pueblo.

Publicación anterior

Cuando Clara desapareció: el rastro de una sombra perdida

Siguiente publicación

Graffiti en espacios residenciales; Home sweet Home

Ronald Ernesto Cano Gutiérrez

Ronald Ernesto Cano Gutiérrez

Cucuteño, desarrollador de software, activista, ciclista, cinéfilo y fotógrafo de calles, paisajes y luchas.