“La quena hay que tocarla en las montañas para tener comunicación con el espíritu de los Andes”—Alejandro Vivanco

Cerca de un lugar conocido como Tierradentro, en las correrías de diciembre, se cuenta que durante algunas celebraciones muchos jóvenes y niños aguardan el instante preciso para vincularse a las bandas y poder tocar sus instrumentos de quena y flautas dulces hechas con distintos materiales, o con cualquier objeto que les permita crear música. Carlos Miñana Blasco, antropólogo de la Universidad Nacional,  nos narra en algunas observaciones de los Andes del sur de Colombia cómo en algunas alumbranzas campesinas o en las casas de los Nasas, cuando algunos músicos yacían dormidos o borrachos en medio de la interpretación,  uno que otro niño se escudriñaba entre la gente mientras esperaba al acecho para reemplazar al músico caído, poder integrarse a la agrupación y sentir la experiencia de conectarse con la música.  

Mientras tanto en Pueblo Nuevo, Cauca; también se cuenta que en la comunidad Nasa algunos abuelos tienen la tradición de enseñarle a los jóvenes  sobre la realización de unas flautas transversas. Ocurrió entonces que durante la práctica más de la mitad de los participantes habían recortado la embocadura de la flauta para transformarlas en una quena. Es así como podemos observar que el sonido de la quena viaja como un susurro por los aires y ritmos de la música en Colombia. Pero, ¿de dónde viene esta tradición en realidad? 

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La quena o Kena es un instrumento de viento, tipo flauta que puede tener entre seis, siete u ocho agujeros; con la diferencia de que en la parte de arriba tiene una pequeña embocadura llamada bisel de donde se produce el sonido. Muchos etnomusicólogos consideran la quena como uno de los instrumentos más antiguos del continente americano. Algunas investigaciones han datado sus orígenes de la cultura Chavín del Perú (900-200 a.C).

En muchas  búsquedas arqueológicas se han encontrado quenas primitivas en tumbas antiguas de distintas culturas como: Chimú,Tiahuanaco y Mochica. Estas quenas habían sido fabricadas con materiales de barro, caña, carrizo y también en hueso animal y humano. La quena ha sido utilizada en diferentes ceremonias, ritos, festejos y carnavales con el acompañamiento de otros instrumentos de origen prehispánico. También es posible encontrar quenas fabricadas en bambú, carrizo, arcilla, madera y otros materiales.  

—El término quena o kena viene del imperio incaico, se piensa que la quena más ancestral se encontró en la civilización de Caral en Chilca hace 6000 años. Las quenas más antiguas son en cerámica y piedra, ni siquiera en hueso porque era un material exclusivo. Lo que ocurría era que cuando fallecia un músico en la familia  de los Incas se fabricaba una quena con el hueso de su cuerpo  para que perdurara su espíritu—. Cuenta Oscar Grajales, intérprete e investigador de la quena desde hace algunos años. 

La tradición de la quena en Colombia 

En la cultura colombiana podemos ver la quena en distintos ritmos tradicionales como los bambucos, cumbias, pasillos, porros, joropos, polcas, currulaos y sanjuaneros. De acuerdo a la investigación de Oscar Javier Molina sobre la quena se han establecido dos hipótesis sobre la trayectoria histórica de la quena: por un lado, podemos encontrar las prácticas musicales de distintas comunidades indígenas; y por otra parte, también se habla sobre el crecimiento de la música andina en latinoamérica alrededor de los años setenta.  

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Esta expansión de la música andina en América Latina se dió desde la influencia de algunas agrupaciones como Quilapayún, Inti-Illimani, Illapu, Savia Andina, entre otros. Los primeros grupos que  empezaron a interpretar la quena en Colombia se dieron a conocer en esta década entre los cuales podemos nombrar a  Chimizapagua, Alma de los Andes, Pachacamac, entre muchos otros. Hoy les traemos la historia de dos intérpretes e investigadores de quena que han trazado un largo camino de resistencia y exploración para poder enfrentar el desconocimiento que hay en torno a esta expresión musical. 

Oscar Grajales y Fabian Triana interpretando la quena

Oscar Grajales

Mi nombre es Oscar Grajales tengo 34 años y vivo en Funza, Cundinamarca. Toda la vida he vivido acá e inicié la música cuando tenía 18 años. Todo comenzó cuando yo estaba haciendo mi confirmación, ya que pertenezco a una familia católica y aunque yo no sea creyente, tenía el compromiso de hacerlo. En ese entonces, yo tenía que apoyar algunas labores sociales que hacían en la parroquia del pueblo y fue allí donde conocí la música.

En aquella iglesia enseñaban música andina y así fue que me empecé a interesar por la quena; cada estudiante debía escoger el instrumento que le interesara, aunque lo curioso fue que en un principio le señalé al encargado de los instrumentos una zampoña, porque me parecían atractivos los tubos que lo conformaban. Sin embargo, él me entendió mal y me pasó una quena, desde ese momento me di cuenta que ella fue quién me escogió a mí. 

Al principio, la interpretación de la quena solo representaba un hobbie para mí, en ese entonces no entendía lo que significaba en realidad. Entonces duré alrededor de seis años en los que me aparté de la música y no la tomaba en serio. Cuando cumplí 25 años fue que me di cuenta de que esto era a lo que  quería dedicarme y debía ponerme a estudiar. Fue en ese instante en el que inició mi segunda historia musical,  empecé a investigar este instrumento y a dedicarme a él con más profundidad. 

Proceso de aprendizaje 

Al principio, el proceso para aprender quena es bastante difícil, me refiero a que  cuando una persona tiene el primer contacto con un instrumento es importante que este emita un sonido de por sí: un piano, un xilófono, una percusión. Pero, el problema con la quena es que esta requiere de una técnica con la boca para lograr que produzca un sonido. Por esta razón, a mí me costó algunos meses tener una cercanía con el instrumento.

Más allá de eso, quiero contar que la formación musical en Colombia, en especial con este tipo de instrumentos, es muy compleja ya que no hay escuelas o algún tipo de apoyo. Ahora es un poco más fácil por todo lo que puedes encontrar en internet, pero en ese momento se necesitaba construir un camino autodidacta que requería constancia y esfuerzo a través de distintos métodos de aprendizajes empíricos.

Aunque no estoy desconociendo que en Colombia han existido maestros que han trazado un largo sendero en la investigación y el crecimiento musical del instrumento; si quiero expresar que esto se ha hecho de manera solitaria y aún no se han formado muchas escuelas que permitan trascender estos conocimientos como si existen, por ejemplo, en Perú, Ecuador o Bolivia.  Aunque este camino fue duro, también ha sido muy enriquecedor; cada día me doy cuenta de que es un instrumento con una posición muy grande en la que debemos seguir trabajando y resistiendo porque no se pierda. 

Estado Natural 

Una de mis composiciones favoritas en la quena, la tocamos con un grupo al que pertenezco llamado Pachacamac, se llamó Estado Natural. Hace unos ocho años, tuve una de las mejores experiencias de mi vida cuando conocí Perú, al estar allí me di cuenta que no es posible dejar la tierra si no pasamos en algún momento por ese lugar. Perú es un espacio mítico. Muchas veces la ciudad se vuelve caótica, llena de polución, ruido y desenfreno; pero al estar en Perú, en un lugar llamado Arequipa, sentí como si el tiempo se fuera deteniendo y empezará a volver hacia atrás como en los tiempos de la colonia.

Arequipa es conocida como la ciudad blanca porque todas sus construcciones eran hechas con lava volcánica; después conocí el lago más alto del mundo en el Titicaca. Pero cuando llegué a Puno, me encontré con un grupo indígena tocando quena alrededor de las cuatro de la mañana; al verlos sentí mi cuerpo estremecerse y mis ojos se humedecieron porque era la esencia misma, ellos no hablaban español, solo vinieron y tocaron sin ninguna clase de pretensión. Me demolieron con su sonido. 

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Al llegar a Colombia me sentí distinto y compuse este tema, que cuenta la historia de cómo es ir de una ciudad al estado natural de una persona, para sentirse desnudo y ver que nada es como creemos en realidad. Al principio se escucha una quena un poco agresiva y extraña, pero sentí que tenía que sonar así, después viene un momento en que todo se quiebra e inicia una parte instrumental con la zampoña y la percusión; es un intento por recrear todo lo que pude ver y sentir en Puno.

Ese momento lo llevo guardado en mi memoria y aunque es un poco difícil expresar con precisión todas las sensaciones que sembró en mí ese recuerdo, mis notas intentan trazar la naturaleza de ese momento y de fondo está la quena, casi como un susurro; sin ninguna intención de ser perfecta, es un sonido yéndose, un poco lejano. Lo que quería mostrar era que la quena en su estado natural nunca se separó de nada, siempre fue un todo. 

Siento que la quena es como una extensión del ser, esto no es tanto físico, sino más espiritual. Con esto me refiero a que la quena solo suena cuando desde tu aliento produces las notas,  porque por sí sola no puede sonar. Solo suena cuando me hago parte de ella y mi aliento expresa cada nota, esto se vuelve la forma en la que podemos expresarnos; aunque algunas veces sea algo agresivo, pasivo, melancólico o alegre. 

Fabian Triana 

Mi nombre es Fabian Triana, tengo 36 años y soy bogotano. Interpretó  la quena desde que tengo 11 años. Esta ha sido una carrera muy complicada porque no es un instrumento muy conocido acá en Colombia, a pesar de que hace parte de nuestra idiosincrasia. Desde hace algunos años empezamos a representar el país a nivel internacional con la quena. Recuerdo que desde que tengo 11 años siempre he cargado la quena en mi maletica, la llevo conmigo a todos lados. He estado en algunas agrupaciones, pero con el pasar de los años fui conformando mi propia carrera como solista en la que cree un grupo conocido como Fabian Triana Ensamble en el cual somos cuatro integrantes: bajo, guitarra, percusión y  quena. Sin embargo, esta coyuntura de la cuarentena hizo que se estancaran algunos proyectos. 

La quena siempre ha hecho parte de mi vida, he trabajado con algunos grupos de danza, en festivales, también he conocido muchos lugares. Cada canción que interpreto me lleva a un recuerdo lejano como cuando empecé a tocar en el colegio y me sacaban de las clases porque hacía mucho ruido. Sentía una conexión especial con la quena, aunque no fue sencillo porque no había academias o maestros para estudiar en ese entonces; la única forma era empíricamente. 

Con este instrumento comencé con la imitación. En ese momento tenía un profesor de música que medio tocaba la quena, él conocía dos o tres canciones; entonces se dio cuenta de que tenía cierta habilidad  para tocar la flauta y me entregó una quena. Fue algo interesante, porque apenas la cogí pude hacer que sonara y desde ese instante quedé enamorado de ella. Una de mis formas de aprender es con un programa que me ayuda a escuchar las canciones más lento porque muchas veces no hay partituras de las canciones, así que debemos hacer un trabajo de oído, intentar imitarla y luego empezar a crear a partir de ese aprendizaje. En este momento tengo dos cd’s, uno se llama Fabián Triana música colombiana; dentro de ese cd hay una composición llamada Valentina que fue una dedicación que le hice a mi hija. 

Algo que me ha parecido interesante de interpretar la quena es la recepción que produce en las personas; muchas veces mientras estoy tocando en la tienda que manejo,  de repente me doy cuenta que alguien está escuchando desde la distancia y cuando terminó de tocar  me aplauden y se acercan a decirme “excelente interpretación, yo no sabía que la quena podía sonar así”.  Para mí es algo bonito producir esas reacciones y sensaciones en las personas que me escuchan, siento que también es importante intentar generar un diálogo para romper con el desconocimiento que hay sobre este instrumento. 

Puedes escuchar este podcast para conocer más sobre la historia de la quena

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Laura Ruiz

Laura Ruiz

Comunicadora social y periodista. Siento la fuerza que reverdece por cada fibra de mi piel en busca de una sociedad más justa. Creo en el poder transformador de la música, el arte y las palabras.