El pasado domingo en Chile votaron por una nueva constitución política. Desde octubre del año pasado, la inequidad generada por unas medidas neoliberales sostenidas, desencadenó un fuerte estallido social. Las protestas se extendieron por varios meses, y solo la pandemia le bajó la fuerza a la movilización. A pesar del virus, la protesta se sostuvo y logró el llamado a un referendo que pide cambiar la constitución pinochetista. ¿Qué tan lejos está Colombia de tener cambios similares?

Dos paises, dos historias

Chile, tiene una historia bastante diferente de la historia colombiana. Tuvo un gobierno de izquierda democráticamente elegido, y una dictadura de más de diez años. Colombia, jamás ha tenido un gobierno de izquierda como tal. Y las izquierdas han sido perseguidas durante casi todo el siglo XX, lo que llevó a estos grupos a la clandestinidad. La única dictadura colombiana durante el siglo XX, fue la de Rojas Pinilla, que duró cinco años y fue fácilmente disuelta. Y luego reemplazada por el pacto entre partidos que se intercalaron el poder durante el Frente Nacional.

La dictadura en Chile, fue el laboratorio de las medidas económicas neoliberales de los Chicago Boys. Debido a esto, la economía chilena creció rápidamente. Por esto se vendió la idea del «milagro» chileno, además que también se usó como justificación para las atrocidades cometidas por la dictadura. Colombia, tomó referencias económicas de lo implementado en Chile. E incluso su modelo económico es bastante similar, en especial el sistema pensional.

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Al regresar a la democracia en Chile se pusieron de manifiesto las consecuencias sociales del modelo liberal. Además de empezar un proceso de reparación y verdad alrededor de todas las atrocidades cometidas por el estado durante la dictadura. En Colombia, aún se niega la amplia brecha social y se sigue defendiendo a ultranza el modelo neoliberal imperante. Además se estima que las crímenes de estado son peores a los cometidos por la dictadura chilena. En contraposición, hoy por hoy los procesos de reparación y verdad son torpedeados por el gobierno actual.

Movilización social: ¿Realmente hay similitudes?

En Chile, la movilización social es fundamental durante la dictadura. El apoyo al referendo del NO que coayudó al final de la dictadura, fue uno de los grandes hitos de la movilización social chilena. De igual forma, la marcha de los pingüinos ya durante la nueva era democrática chilena, también ha demostrado el papel fundamental de la protesta dentro de la sociedad chilena.

Por el contrario, en Colombia, la protesta social siempre se ha movido en medio de la estimagtización. Quizás está el movimiento por la séptima papeleta, pero realmente este como tal no implicaba una oposición al gobierno. Realmente este movimiento apoyaba una necesidad esencial del momento político del país más allá que recogiera necesidades sociales que con la nueva constitución no fueron resueltas. Incluso el último paro nacional (de verdad y contundente) se llevó a cabo en los años setentas. Así que básicamente solo se han dado pequeños intentos de protesta, que siempre han sido acallados con estigmatización o con represión avalada por el mismo pueblo.

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La movilización social chilena normalmente ha sido tomado como referente por la movilización social colombiana. La marcha de los pingüinos fue referencia de las movilizaciones estudiantiles de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE). Y recientemente el estallido social de Chile en octubre del 2019, fue tomado como referencia para el «paro nacional» que comenzó en noviembre de 2019.

Con situaciones sociales similares, Colombia y Chile ven la protesta con distintos ojos. Razón por la cual para el país cafetero, protestar sigue siendo objeto de estigmatización. Mientras que para el pueblo chileno, es la forma de obtener derechos y democracia.

Dos visiones opuestas de protesta

Aunque ambos países la izquierda ha sido estigmatizada y tienen realidades sociales similares, la percepción del pueblo con la protesta es muy diferente. En Chile, las personas sin distingo de clases social comprendieron las demandas de la protesta e incluso en muchos casos avalaron la agresividad y violencia de la misma. En distintas entrevistas, los comerciantes celebraban que los «cabros» se enfrentaran con los «pacos» que los reprimían.

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También ocurrió que parte de las fuerzas del estado chilenas, empezaron a desertar o a proteger a los manifestantes de las otras fuerzas estatales. Un detalle particular también, es que como tal la protesta reciente en Chile no tiene una cabeza o partido responsable. Esto ha impedido llegar a negociaciones que terminen apagando la movilización en beneficio de sus líderes.

En Colombia, protestar no solo es sinónimo de subversión sino es sinónimo de pereza. Hasta el cansancio políticos y personas de todos las clases sociales, repiten que los que protestan son vagos o personas que lo quieren todo regalado. Los comerciantes son los primeros en pedir que cesen las protestas y en rechazar cualquier tipo de manifestación por pacífica que sea. Las fuerzas del estado colombianas, tienen como doctrina que el manifestante es ese enemigo interno a quien hay que neutralizar. Adicionalmente, las protestas suelen ser el termómetro electoral de la oposición y el trampolín para hacer campaña para la siguiente elección.

De constituciones y derechos

Como se dijo anteriormente, el sistema pensional chileno y el colombiano son similares. Una de las solicitudes de los manifestantes chilenos ha sido la abolición de dicho sistema. En Colombia también se ha intentado lo mismo, pero básicamente ambos sistemas público y privado ponen en riesgo los recursos de los ahorradores. En Chile aún se pelea por ese cambio, incluso porque el sistema será insostenible de la mano de la ausencia de empleo formal. Colombia, con las mismas falencias sigue evadiendo la reforma, y el colombiano de a pie ya resignó su idea de algún día gozar de una pensión digna.

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Los chilenos pedían a gritos una nueva constitución, y ayer de nuevo las urnas capitalizaron toda la movilización social. La necesidad de abolir la constitución hecha en el marco de la dictadura, era clara, y así como el NO ganó en 1988; así ayer ganó el pedido de una constituyente. Colombia tiene una constitución moderna desde 1991. Y a pesar de todos los intentos de la extrema derecha de pisotearla, al final ha prevalecido la carta magna. A pesar de esto, el comienzo de la misma donde reza que somos «un estado social de derecho», es la mentira más grande en un país que tiene casi un 50% de pobreza y donde las violaciones de derechos son el pan de cada día.

Colombia no se pide una nueva constitución, sino se pide que realmente se cumpla todo lo escrito allí. Incluso una asamblea constituyente sería sumamente peligrosa para la democracia, cuando legal e ilegalmente una extrema derecha podría hacerse elegir para elaborar una nueva constitución con una supresión selectiva de libertades.

Unos despiertan, otros tienen pesadillas

Ambos países tienen realidades sociales similares, pero en la memoria chilena la dictadura pesa a la hora de salir a defender sus derechos. Los colombianos aprendieron a aplaudir una falsa democracia, mientras se quejan a puerta cerrada, esperando que el vecino no los oiga para no ser acusados de guerrilleros al otro día. Chile despertó y entendió que el crecimiento económico es de todos y no de unos pocos. Colombia vive una pesadilla, donde a pesar del hambre preferimos gritarle guerrillero al otro, que exigirle al gobierno lo que por derecho nos corresponde.

En el país austral han entendido que la protesta es la forma de obtener derechos y libertades, aunque el precio sea alto. Además de capitalizar lo protestado en subsecuentes procesos electorales. Los colombianos aún no logran empatar la movilización social con las urnas, en donde lo marchado se deshace en medio de dudosos procesos electorales.

A Colombia aún le falta entender muchas cosas. Empezando por tener empatía. Tanta violencia naturalizada nos ha hecho olvidar a los demás. Y el individualismo exaltado por los valores occidentales tiene un excelente ejemplo en este país. Son más los colombianos que quieren ser aquellos ricos que pisotean pobres, que aquellos que quieren que el país crezca de una manera que garantice justicia social para todos.

Dilan Cruz
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Ronald Ernesto Cano Gutiérrez

Cucuteño, desarrollador de software, activista, ciclista, cinéfilo y fotógrafo de calles, paisajes y luchas.