#SOSBuenaventura es la alerta emitida a través de redes sociales en los últimos días para llamar la atención del Gobierno Nacional y de la ciudadanía en general, respecto al recrudecimiento de la violencia en esta zona del país, violencia que ha ocasionado en las últimas semanas el desplazamiento de más de 40 familias y la desaparición de al menos 18 personas.

El puerto marítimo más importante del país y también uno de los territorios ancestrales más excluidos y olvidados, sufre el resurgimiento de la violencia a manos de bandas delincuenciales locales y grupos armados ilegales, que bajo diferentes intereses se disputan el control de la tierra. Actualmente se señala a dos bandas, ‘los Espartanos’ y ‘los Shotas’ de sembrar el miedo y el terror en la zona. Desde diciembre del 2020 se han reportado por partes de los habitantes constantes balaceras, explosiones y desplazamientos, información confirmada por el personero de Buenaventura Edwin Patiño, que entre otras señaló que «la oferta delincuencial es mayor que la oferta laboral» para los jóvenes en Buenaventura.

Por otra parte, según reportes del Instituto de estudios para el desarrollo y la paz Indepaz, la violencia en Buenaventura durante lo corrido de este 2021 se ha incrementado en un 200% frente al año anterior. En menos de dos meses se han registrado 38 enfrentamientos urbanos entre bandas, 12 líderes asesinados, el desplazamiento de decenas de familias y se han reportado al menos 11 desaparecidos. La crítica situación ha obligado a que distintas autoridades se pronuncien y le soliciten al gobierno nacional la conformación de una mesa urgente de trabajo para atender la emergencia, sin embargo más que presencia militar los Bonaverenses solicitan atención real del estado en materia de seguridad integral, inversión social y oportunidades.

LAS OTRAS CARAS DE LA VIOLENCIA

Para hablar de los inicios de la violencia en Buenaventura tenemos que devolvernos a la década de los 80, periodo que entraría el narcotráfico a este territorio y que se fortalecería hasta los años 90, momento que aparecerían los grupos paramilitares y la guerrilla y con ellos las masacres. El narcotráfico se asentaría allí por ser buenaventura un importante corredor con conexión al centro del país, Panamá y también a Asia a través del océano pacífico.

Archivo del Patrimonio Fotográfico y Fílmico del Valle del Cauca 

Después de 1995 aparecerían las primeras masacres en Buenaventura, la masacre de Dagua, la masacre de Zabaletas y después en el 2001 la gran masacre del Río Naya, fueron algunas de ellas.

La violencia que se concentró inicialmente en las zonas rurales, se iba dando principalmente donde se planeaban consultar megaproyectos, donde existía riqueza de biodiversidad o riqueza minera, violencia que se trasladaría a buenaventura a donde huían muchos de los desplazados. Del 2001 al 2007 se vivió la peor recrudecimiento de la violencia siendo los años entre el 2005 y 2007 los años más azotados por esta.

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Por su gran riqueza natural y por su ubicación estratégica, Buenaventura ha sido siempre motivo de disputas por intereses políticos y económicos, tanto por grupos al margen de la ley como por grandes inversionistas, que han desarrollado de la mano del Gobierno Nacional mega proyectos industriales y de expansión portuaria, en los que hoy se ven comprometidos la mayor parte de los territorios habitables, que fueron luchados, ganados y heredados por el pueblo afro que habita ancestralmente estos territorios. Estos proyectos lejos de traer desarrollo para los Bonaverenses como prometen, traen detrás de ellos la violencia, como lo denunció en su momento el líder social Temístocle Machado asesinado en el año 2018 y como lo han denunciado otras organizaciones de esta región.

De este modo y cómo fue expuesto en ‘Buenaventura un puerto sin comunidad’ una investigación del Centro Nacional de Memoria Histórica del año 2017, el Estado tiene responsabilidad directa en la reproducción de la violencia, ya que su visión de desarrollo no solo no contempla el desarrollo social de los habitantes, sino que los hace un lado priorizando allí los intereses privados sobre el bienestar de la comunidad.

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María Paz Cubides

María Paz Cubides

Comunicadora social y periodista, buscando historias en esta vasta e inhóspita urbe. Hereje, sentipensante, amante de la fotografía y la danza.