Se dice que el arte debe tener una función social, y el séptimo arte como tal no se escapa a dicha función. En este sentido, el cine comunitario es la rama de la cinematografía que se encarga de visibilizar las problemáticas de las comunidades . La Rula, un colectivo cultural en la ciudad de Bogotá ha decido elaborar un documental que muestra la dura problemática de las personas que habitan alrededor del infame relleno sanitario de Doña Juana.

Pudimos contactar a este colectivo, con quienes conversamos acerca de lo que están haciendo, del cine comunitario y claramente de su documental: «La vecina incómoda».

¿Cuál sería la sinopsis de «La vecina incómoda»?
En el sur de la ciudad de Bogotá en el año 1988 comienza a operar el relleno sanitario Doña Juana. Lugar destinado para albergar las basuras de toda la ciudad y municipios aledaños. El mal manejo que han tenido las operadoras del relleno ha desencadenado afectaciones socioambientales a las comunidades y cuerpos de vida que cohabitan con el basurero; siendo Usme y Ciudad Bolívar las localidades más afectadas. Lo que llevó a que se organizaran y se movilizaran para reclamar al estado sus derechos. La vida útil del relleno se proyecta hasta el año 2050.

¿Qué tan fácil es hacer cine comunitario?
Hacer cine comunitario históricamente en Latinoamérica ha implicado una tarea difícil, puesto que es tan «invisible como las propias comunidades que representa», lo planteaba el escritor chileno Rafael Gumucio. En nuestro caso, hacer “La Vecina Incómoda” representó llegar a un territorio que por años ha sido excluido de la mirada distrital, y no solo por la institucionalidad, sino por la misma gente de Bogotá que no tiene que enfrentarse al basurero a diario.

Fue además, reconocer que quienes han sido golpeados por los conflictos socioambientales producto de la presencia de Doña Juana, están agotados y cansados de que los medios y parches simplemente los “utilicen”, a ellos y a su historia, y no se genere un proceso codo a codo.

Ahora bien, imaginarse que el cine-audiovisual pudiese ser un medio para que ellos y ellas comunicasen, y visibilizacen lo que está sucediendo en el sur de la ciudad, era algo que no contemplaban, ni siquiera como posibilidad. Y ver sus rostros, cuando se ven así mismos en la pantalla (tela) reafirma la necesidad de que el cine se siga manteniendo como la mediación entre los territorios, sus habitantes y los conflictos.

Imagen tomada del trailer de «La vecina incómoda»

Creemos que sí es difícil, pero es un proceso que siempre valdrá la pena, y son las comunidades quienes lo hacen “fácil” cuando son ellos son quienes deciden qué contar, y cómo contarlo, sin intermediarios. Y frente al cómo hacerlo, en términos de recursos económicos, es donde encontramos lo más difícil, porque no hay dinero para las producciones audiovisuales comunitarias y populares que denuncian y ponen su voz/rostro por encima de las injusticias que les son impuestas, por ello le apostamos a la soberanía audiovisual, y ello representa la necesidad de procesos de autogestión que lo hagan posible.

¿Es el cine comunitario una herramienta de resistencia?
Totalmente. Creemos y estamos convencidos que hacer cine comunitario genera la posibilidad de contar las historias desde adentro hacia afuera, y no desde afuera hacia adentro; y eso en primera instancia ya es un escenario de resistencia a los modos hegemónicos que han sido impuestos sobre cómo contarlas.

La ausencia de una información veraz y la invisibilización de la problemática que afecta a grandes sectores de la sociedad que son “marginados y discriminados” por la desinformación y por las políticas sociales de los Estados; hace que sean las propias comunidades quienes exijan transparencia a los medios masivos, pero que además reivindiquen su derecho a la comunicación y lo ejerciten a través de múltiples medios,
incluido el cine comunitario.

A su vez, creemos que éste se configura en un escenario de resistencia porque permite su creación desde la participación colectiva, y eso hace pensarnos en la semilla del cine comunitario, puesto que se plantea desde la percepción de “facilitadores de la palabra y de la imagen de otros”, y este papel de facilitador es meramente comunicacional. Es decir, que marca la diferencia entre la expresión artística individual y colectiva. Los primeros toman todas las decisiones sobre el producto que sale de sus manos, mientras que los segundos alientan un proceso de participación que siempre es más importante que los productos.

¿Cómo fue vincular a la comunidad a un proyecto de estos?
Retomando una de las preguntas anteriores, fue una tarea que en primera instancia fue difícil, sin embargo contactamos y trabajamos con el Proceso Popular Asamblea Sur, quienes llevan trabajando por más de veinte años en el territorio alrededor del Tunjuelo, y uno de sus procesos más fuertes es la defensa de las comunidades de las afectaciones del Doña Juana.

En esa medida, la legitimidad que tienen permitió que nos reconocieran como pares, y que a su vez el proceso se reconociera como necesario y oportuno. Las comunidades de Usme (Brazuelos – Quintas – Granadas) y Ciudad Bolívar (Mochuelo Bajo – Mochuelo Alto) que son las más afectadas por este basurero, son a su vez las más recíprocas. Asumieron su papel activo en el marco de contar la historia, y hacer la denuncia frente a la deuda social histórica que tiene el distrito y la nación con ellos.

¿Qué viene para La Rula?
Para nuestra primera semilla que es el corto documental “La Vecina Incómoda”, nos encontramos preparando lo que denominamos ​ «La ruta de La Vecina Incómoda»​, con el objetivo de dar a conocer esta problemática a nivel local y regional. Creemos que primero es necesario volver a poner la discusión en la agenda pública, y segundo, que acercarnos a procesos individuales y colectivos replica acciones individuales y colectivas que puedan de alguna manera generar cambios estructurales y, más sabiendo que nos encontramos a puertas de que sea aprobado el Plan de Ordenamiento Territorial ( POT), lo que agudizará las afectaciones socioambientales existentes, y generará unas nuevas, siendo una vez
más las comunidades del sur las más afectadas.

Estaremos siguiendo el proceso de La Rula, y esperamos que esta sea la primera de muchas producciones que se conviertan en herramienta de denuncia para tantas problemáticas que aquejan a las comunidades de nuestro país.

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Ronald Ernesto Cano Gutiérrez

Ronald Ernesto Cano Gutiérrez

Cucuteño, desarrollador de software, activista, ciclista, cinéfilo y fotógrafo de calles, paisajes y luchas.